La amenaza del desierto en la Amazonia

mayo 5, 2015

Crónica de la expedición de un grupo haramkbut, pueblo indígena amazónico que busca demostrar al Estado peruano su relación ancestral con el territorio que hoy ocupa la Reserva Comunal Amarakaeri, en Madre de Dios. Esto les permitirá reclamar sus derechos sobre el territorio y con ello continuar su tarea ancestral de conservar los bosques.

Más del 90% del territorio de las selvas amazónicas de la Reserva Comunal Amarakaeri han sido concesionadas por el Estado peruano para la extracción petrolera, entre otros minerales.

Fabio Víquez

Los linderos de la Reserva Comunal

Día 1.  Dejamos Puerto Maldonado e iniciamos la expedición. La meta es es llegar a Barranco Chico, una pequeña comunidad haramkbut, ubicada en la cuenca del río Colorado, en el distrito de Madre de Dios, en la provincia del Manu. El camino es largo y el calor es fuerte. Avanzamos rápidamente por una moderna carretera Interoceánica, parte de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), y que comunica a Perú con el suroeste de Brasil.   Poco a poco nos vamos internando en la Zona de Amortiguamiento de la Reserva Comunal, y ahí comienzan a aparecer como brotes de células enfermas, claros en la llanura, en los cuales no hay nada,  ni árboles ni pastizales, solo arena amarillenta y lagunas de agua. En algunos lugares aun quedan de pie algunos árboles muertos, lo que le da un aspecto a un más lúgubre al lugar.  Dan algún testimonio de lo que fue la zona.  “Pero esto no es nada, a lo que vamos a ver”, nos dicen Luis y Jaime quienes coordinarán la expedición hacia su sitio sagrado.

Junto a la carreta, cerca de las áreas de devastación van  emergiendo pequeños poblados, dedicados a la minería ilegal, mayormente formados por colonos de otras zonas del país, contagiados por la enfermedad del oro.

Así llegamos a una precaria comunidad junto al río Colorado. Ahí nuestros guías nos piden que guardemos nuestras cámaras y que no hablemos con nadie.  Mientras ellos se marchan a comprar algunas provisiones que hacen falta para el viaje somos abordados por una anciana que sin esperar a que le digamos algo, comienza a contarnos como los mineros ilegales le arrebataron su tierra. La anciana está desesperada.

Retomamos el camino y lo que se abre ante nuestros ojos es algo sencillamente impresionante: El desierto en la Amazonía, kilómetros y kilómetros de arenas desérticas  sobre las cuales corren  las aguas contaminadas con mercurio y sedimentos. Antes fueron  ríos cristalinos. No queda ni un solo árbol en pie.  Ahora estos ríos ni siquiera tienen un lecho, sino que corren desparramados,  tristes, como fantasmas sobre las arenas con mercurio.  Son horas las que pasamos por ese paisaje desértico, la temperatura sobrepasa los 42 grados celsius.  En algunos lugares queremos sacar fotografías, pero nuestros guías nos advierten de la agresividad de los mineros ilegales. Incluso alguno nos aborda  y nos pregunta sobre lo qué hacemos ahí.  Nuestro camino es resguardado  por los gallinazos, las grandes aves carroñeras que comandan los cielos del lugar.  Del Estado peruano aquí no se sabe nada.

Barranco Chico es una comunidad con apenas  unas cuantas decenas de habitantes que viven en islas en medio de aquel desierto tóxico. Nos hospedamos  con tres ancianos que viven ahí desde hace pocos años. Antes eran cuatro, y vivían en otro lugar, pero uno de ellos fue asesinado por mineros. La seguridad de Barranco Chico no es más que una ilusión. Desde sus ranchos, ubicados en una pequeña colina se observan a los pick ups cuando se mueven entre las dunas, de un lugar a otro.

Cuando cae la noche y las estrellas cubren a aquella área de la Amazonia comienza el sonido de los cangrejos, como los viejos llaman a la maquinaria de los mineros. Se trata del rumor incesante de los motores de la maquinaria que usan para extraer el oro, y que proviene de todas direcciones. Se calla hasta que sale el sol, como si  buscaran pasar inadvertidos.

A esta devastación es a lo que los haramkbut temen.

Día 3. Con mucha dificultad navegamos río arriba por un cauce que más bien parece un caño de piedra, a veces nos tenemos que bajar a tirar el bote con cuerdas para poder pasarlo entre las rocas,  en otros momentos podemos navegar despacio por las aguas calmadas del río. El bote lo guía un anciano haramkbut,  que dice por donde se puede pasar. En el otro extremo su hijo controla un pequeño motor fuera de borda, aunque durante la mayor parte del viaje son las fuertes varas de bambú las que nos dan el impulso necesario para movernos.

No obstante inicia el mes de noviembre y con el llegarán las lluvias  intensas a la Amazonia, con ellas el caño de piedra se transformará en un furioso río que a su vez será parte de otros caudales mayores, y que confluirán en el río Madre de Dios, uno de los principales afluentes del Río Amazonas.

Avanzamos abrazados por selvas amazónicas de la Reserva Comunal Amarakaeri, ubicada en en Madre Dios, Perú. Acompañamos  a un grupo de 10 indígenas del pueblo haramkbut que ha emprendido una expedición de seis días para encontrar un lugar sagrado del cual hablan los viejos de su pueblo. Solo uno de ellos ha llegado al lugar, apenas hace dos meses atrás. Únicamente existe una fotografía del sitio sagrado, tomada durante una exploración petrolera de la empresa estadounidense Hunt Oil, la concesionaria encargada de explotar los ricos yacimientos minerales que yacen en los suelos de la selva.  Los haramkbut  dicen que la empresa ha escondido el hallazgo del lugar, pues esto podría influir en sus planes de negocio. A ellos, alguien les filtró la fotografía.

Asencio, es el único que ha estado en el lugar, por eso  es quien guía la expedición.  También es una especie de chaman, es quien se comunica con los ancestros muertos haramkbut  para solicitar que nos permitan entrar en su territorio.  Además es guardaparques del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado. Para los otros, emprender la expedición es viajar hacia sus raíces. Pero el que les ha convencido en emprender la misión es Luis Tayori,  un haramkbut  de 37 años,  que ha iniciado el reto de reconciliar a los jóvenes de su pueblo con  pasado ancestral. Para él este es el camino para recuperar su territorio y protegerlo de las amenazas extractivas que lo acechan.

Si ellos logran demostrar ante el Estado peruano su relación ancestral sobre estos territorios, podrán reclamar sus derechos territoriales y con esto continuar haciendo lo que mejor hacen, cuidar  la selva. Múltiples informes publicados en diferentes lugares del mundo muestran que los territorios protegidos por pueblos indígenas está en mejor conservados que otros.

El pueblo haramkbut tuvo su primer contacto con el mundo occidental en 1945, cuando exploradores chicleros se internaron en su territorio en búsqueda del preciado árbol del chicle.  Según líderes tradicionales, en ese momento existían más de 30 000 haramkbut. Décadas después de ese encuentro apenas sobreviven poco más de 4 000.

Son un pueblo en extinción, para ellos recuperar y cuidar la selva es un asunto de vida o muerte, en el cual enfrentan a dos poderosos actores, Perú Petro, la empresa petrolera estatal,  y Hunt Oil, una imensa  petrolera estadounidense.  En el 2006 el Gobierno Peruano abrió el 90% de la Reserva para la exploración por parte de la Hunt Oil, que llegó a la zona en el 2012.  Los haramkbut argumentan que el Estado peruano  violó con esto su derecho a la Consulta Previa, así como al Consentimiento Libre Previo e Informado.

El lugar sagrado

Día 4.  Luego del largo recorrido por ríos y por la selva, logramos llegar a otro río. Según Ascencio, a pocos kilómetros de ahí está el lugar sagrado. Seguimos caminando sobre rocas, río a arriba,  con urgencia, pues se acerca la noche y también debemos encontrar un lugar para levantar nuestro campamento.

Antes de que caiga el sol llegamos al lugar sagrado.  Se trata de una cabeza de piedra gigantesca de cuatro o cinco metros de altura que yace  en la parte alta de la catarata, junto al río.  Pero no podemos a cercanos a ella, pues ya casi es de noche y estamos exhaustos. No es posible acercarse a través del cause del río, una pared de piedra lo impide, además estamos exhuastos.

A la mañana siguiente una intensa tormenta nos despierta,  es la llegada del invierno amazónico. No hay forma de permanecer seco en este lugar, tampoco podemos caminar hacia la piedra, la lluvia es demasidao intensa y puede ser peligroso.

Pasadas varias horas las lluvias ceden y podemos volver a abrirnos camino por la selva para llegar hasta el rostro haramkbut.  Ahí es que nos damos cuenta se su majestuosidad, es el rostro perfecto de un ser humano, labrado en piedra con una especie de penacho de  vegetación que cae sobre su frente.

Tiene un gesto solemne,  casi como si estuviera enojado, con los labios hacia abajo, y los ojos un poco cerrados. El perfil de la nariz es perfecto. El rostro de los antepasados haramkbut  parece  custodiar el río y la selva. Ellos, los haramkbut cruzan el río, y se acercan a él, lo admiran, lo aprecian.  Es clara su satisfacción.  Pasamos el día en el rostro, y luego antes de que caiga el sol regresamos al campamento, pero no podemos salir de ahí, pues el río está está muy alto, a raíz de la tormenta de la mañana.

Al día siguiente no hay lluvia, pero parece que lloverá en cualquier momento.  Así que aprovechamos para salir, y comenzamos a caminar de nuevo.  En el rostro de los haramkbut hay algo diferente, se ven renovados, ellos dicen que ahora tienen más energía para seguir luchando por sus tierras.

Sobre la Reserva

La Reserva es un área natural protegida creada  en territorios indígenas en 2012. La iniciativa para su creación nace de la preocupación de las comunidades del pueblo Harambuk porque sus territorios comunales estaban siendo amenazados por los intereses extractivos. Aunque el planteamiento inicial para la creación de la reserva se dio en 1986.

“La existencia de la reserva es el resultado de un trabajo de 15 años, esto ha involucrado mucho trabajo de planificación, incidencia, trabajo de campo, movilización social indígena en el Departamento de Madre de Dios”.  Efraim, líder

Su establecimiento busca contribuir a la protección de las cuencas de los ríos Madre de Dios y Colorado, a fin de asegurar la estabilidad de las tierras y bosques para mantener la calidad y cantidad de agua, el equilibrio ecológico y un ambiente adecuado para el desarrollo de las comunidades nativas Harakmbut.

Esta Reserva es una de las más grandes reservas comunales del país. Posee una alta variedad fisiográfica, compuesta por terrazas, colinas y montañas, en diversos pisos de selva alta y baja, con una gran variedad de ecosistemas y microclimas que brindan refugio a un enorme número de especies de fauna y flora, muchas de ellas en situación amenazada.

La región amazónica de Madre de Dios alberga pueblos indígenas únicos en su diversidad cultural, creencias, organización social y sistemas económicos y políticos. En la reserva y en su zona de influencia están presentes las etnias Harakmbut, Yine y Matsiguenka, gestores, beneficiarios directos y guardianes de la conservación de esta importante área natural protegida.